Kit de emergencia en el trabajo: qué guardar en el cajón y cómo salir del edificio
Son las 9:12 de un martes. Estás en la tercera planta de un edificio con cuarenta personas, la mochila en el respaldo de la silla, el coche en el sótano y el móvil al 30 %. Si ahora mismo sonara la alarma de incendios: ¿sabes por qué puerta se sale desde tu mesa, dónde queda el punto de reunión y qué tienes en el cajón para pasar las dos horas siguientes sin depender de nadie?
Casi todos los kits de emergencia que preparamos son para casa. Y está bien, porque la casa es donde duermes. Pero suma el resto del día: nueve horas en el trabajo, dos de trayecto y sólo ocho de sueño. Tu mochila del armario cubre justo la parte del día en la que casi nunca pasa nada. Esta guía es para la otra parte: el kit que va contigo, el que se guarda en un cajón, y las dos preguntas que puedes hacer hoy en tu oficina para saber si saldrías del edificio en tres minutos o en quince.
1. El trabajo es donde más desprevenido te pilla (y no es culpa tuya)
En casa conoces los ruidos, sabes qué puerta chirría y sales a oscuras sin pensar. En un edificio de oficinas no decides casi nada: dependes de la alarma de otro, de la escalera de otro, de si la puerta de la escalera está cerrada con llave, de que la obra de la planta de abajo no haya dejado el pasillo con cajas. Y dependes, sobre todo, de la costumbre: casi todos los avisos de evacuación que has vivido en tu vida eran simulacros, así que el cerebro decide, sin que se lo pidas, que «será otro aviso de prueba». La gente que sale tarde de un edificio casi nunca sale tarde por falta de información: sale tarde porque creyó que no iba en serio.
Ese sesgo tiene un antídoto barato que se llama conocer tu ruta. Y tu empresa tiene obligación legal de tener resuelto lo demás. El artículo 20 de la Ley 31/1995, de Prevención de Riesgos Laborales, obliga al empresario a analizar las posibles situaciones de emergencia y a adoptar las medidas necesarias en materia de primeros auxilios, lucha contra incendios y evacuación de los trabajadores, designando al personal encargado de ponerlas en práctica. Y cuando la actividad del edificio figura en su ámbito de aplicación, la Norma Básica de Autoprotección (Real Decreto 393/2007) exige además un plan de autoprotección con estructura y contenidos reglados, con simulacros, mantenimiento y revisiones periódicas.
Traducido a la vida real: ese documento existe, está en un cajón de dirección o de prevención, y tú no lo has leído. No es un secreto de empresa: es información que puedes pedir. El INSST (Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo) tiene publicada la guía de referencia sobre planes de emergencia y planes de autoprotección, y ahí aparece el detalle que más falla en la práctica: el plan se escribe una vez y se olvida, cuando lo que lo mantiene vivo son los simulacros y las revisiones.
2. El kit que va contigo: nueve cosas que caben en un cajón
No hace falta convertir tu mesa en un búnker. La idea es cubrir las dos horas siguientes a un incidente sin depender de nadie: que no te falte agua, luz, batería, tus medicinas ni calzado para caminar si te toca volver andando. Todo esto cabe en un cajón de 40 cm o en una bolsa de tela colgada del asiento.
| Qué guardar | Para qué sirve de verdad | Precio aprox. |
|---|---|---|
| Botella de agua de 1 L y comida que no se derrita (barritas, frutos secos, una lata y un abrelatas) | Si te toca esperar en el punto de reunión o volver andando, lo primero que notas no es el hambre: es la sed y la cabeza espesa. Cámbiala cada seis meses. | 3-8 € |
| Batería externa de 10.000-20.000 mAh con cable corto USB-C o Lightning | Sin cobertura y sin luz, el móvil es tu mapa, tu linterna y tu contacto con casa. Un móvil al 30 % son dos horas de angustia; con un powerbank, dos días. Cárgalo el primer lunes de cada mes. | 20-40 € |
| Tu medicación personal para 24-48 h y una foto de la receta | Nadie monta el kit del trabajo pensando en su propia pastilla. Si tomas algo crónico (tiroides, tensión, asma, ansiolíticos), lleva una dosis extra; cómo guardarla y si aguanta la temperatura de la oficina, consúltalo con tu médico o farmacéutico. | según receta |
| Linterna pequeña o frontal y un silbato | En un apagón las escaleras de emergencia tienen luz propia hasta que se agota la batería del edificio. El silbato no gasta nada y se oye más lejos que la voz. | 10-20 € |
| Dos o tres mascarillas FFP2 | Humo, polvo de obra, lodo o sencillamente un pasillo con gente tosiendo. También sirven en el trayecto si hay ceniza o mala calidad del aire. | 5-10 € |
| Copia en papel y en USB de los documentos clave, y cinco teléfonos importantes escritos a mano | El móvil es tu agenda y también la primera batería que se agota. Cinco números en papel (familia, médico, seguro) no pesan nada y funcionan sin batería. | 0-10 € |
| 20-30 € en billetes pequeños en dos sitios distintos | Sin luz, los datáfonos no cobran: no hay café, ni autobús, ni taxi. Con billetes de 5 y 10 € no dependes de que alguien tenga cambio. | 20-30 € |
| Zapatillas cerradas y calcetines en el cajón | Si la evacuación coincide con un día de tacones o chanclas —o con los pies mojados— andar dos kilómetros pasa de ser una molestia a ser una lesión. | 20-40 € |
| Forro polar fino o bufanda y chubasquero de bolsillo | Los simulacros y las evacuaciones reales acaban siempre igual: gente de pie en la calle sin poder volver a por la chaqueta. En enero eso son 40 minutos a 4 °C. | 15-30 € |
El criterio para elegir cada objeto es el mismo que usamos en el kit básico de 72 horas: cosas que resuelven lo que va a pasar de verdad, no lo que queda bien en una foto. Si trabajas con ordenador todo el día y quieres la versión de casa, el punto de partida razonable es saber cómo montar tu kit 72h sin gastar de más.
3. El plan de autoprotección: existe, es obligatorio y nadie lo ha leído
Aquí está el mayor atajo de esta guía. No tienes que diseñar nada: en tu edificio ya hay alguien que lo ha hecho, y todo lo que necesitas son cuatro preguntas y una caminata de tres minutos.
- ¿Dónde está el plan y cuándo fue el último simulacro? El INSST recuerda que los simulacros de evacuación deben realizarse al menos una vez al año y que participar en ellos es la forma de detectar errores antes de que sean graves. Si en tu empresa no se hace ninguno desde antes de la pandemia, ya sabes algo útil.
- ¿Quién es el jefe de emergencia de mi planta y quién es mi jefe de evacuación? Cuando suena la alarma, alguien tiene que contar cabezas. Si no sabes quién es, tú eres uno de los que nadie va a contar.
- ¿Dónde está exactamente el punto de reunión? Pregunta la dirección, no «enfrente». Y comprueba que no esté en un sitio donde el viento te deje respirando el humo del edificio.
- ¿Qué dos vías de evacuación me tocan desde mi mesa? Siempre dos: si la principal se llena de humo, la segunda tiene que estar en tu cabeza, no sólo en el cartel verde.
- ¿Cómo se avisa a un compañero sordo o con movilidad reducida? Una persona sorda no oye la alarma (hacen falta avisos visuales o alguien que se lo diga), y un ascensor parado deja sin salida a quien usa silla de ruedas. Hay solución —puntos de refugio, avisos luminosos, ayuda designada—, pero sólo funciona si alguien sabe su nombre de antemano. En muchos edificios esa persona es una visita o un compañero que está de paso.
La caminata es lo demás: hoy, sal de tu mesa y baja hasta la calle siguiendo la ruta de evacuación, contando puertas y mirando dónde están las salidas que nunca usas. Tarda tres minutos. El mismo recorrido, con humo, con prisa y con cuarenta personas bajando, no se hace igual. Y de paso comprueba algo que sí puedes arreglar tú: que tu mochila, tus cajas o tu patinete no estén bloqueando un paso de evacuación, porque las vías tienen que estar siempre señalizadas y despejadas.
En casa la lógica es la misma y se prepara igual: si aún no lo has hecho, empieza por el plan familiar de emergencia y no por comprar cosas. Y si en tu hogar hay alguien que depende de un equipo médico, el detalle fino está en medición y crónicos sin luz.
4. Suena la alarma: cómo se sale de un edificio sin dejar a nadie
Los planes de autoprotección y las guías del INSST coinciden en lo esencial, y casi todos los errores que se ven en una evacuación real están en esta lista:
- Nunca el ascensor. En una emergencia se para justo donde no quieres. Si ya vas dentro y se detiene, pulsa el botón de alarma o el de apertura, llama al 112 desde el propio ascensor y di en qué planta estás: el 112 atiende aunque no tengas cobertura de tu operador y aunque el móvil esté sin saldo.
- Deja el trabajo, pero llévate llave y móvil. El portátil no: pesa, molesta y no sirve de nada en el punto de reunión.
- Baja por el lado correcto y no cruces a contramano: buena parte de los atascos en una escalera de emergencia son personas subiendo a buscar a alguien.
- Si hay humo, ve agachado. El humo caliente se acumula arriba. Un pañuelo húmedo en la boca no te protege del monóxido de carbono, pero retiene parte de las partículas y te da segundos de visibilidad.
- Cierra puertas al salir. Una puerta cerrada retrasa el incendio minutos que valen mucho; dejarlas abiertas es regalarle el pasillo al humo.
- En el punto de reunión, cuenta a tu gente. Y aquí está el consejo que más problemas evita y casi nadie practica: acuerda de antemano quién se encarga de quién. Tú, con el compañero nuevo, la persona en prácticas o la visita que no conoce el edificio; otra persona, con quien va más lento. Si nadie se encarga de nadie, todos suponen.
- No vuelvas a entrar. Ni por la mochila, ni por el móvil, ni por el coche, ni «un segundo». Es el error clásico de todas las evacuaciones reales y en los incendios con víctimas casi siempre hay alguien que volvió.
Si no puedes salir: hazte visible y haz que te cuenten
Hay un caso que casi nadie ensaya y que ocurre más de lo que parece: la salida está peor que tu sitio. El pasillo lleno de humo, la escalera impracticable, una puerta de emergencia que llevaba dos años sin abrirse. Entonces la decisión correcta es dejar de salir.
- Cierra la puerta y sella la rendija con una toalla mojada o una prenda. Ganas tiempo y mantienes el humo fuera de la habitación.
- Llama al 112 y di tres cosas: calle y número, planta, y por qué fachada estás («cuarta planta, ventana que da a la plaza»). Esa frase es la que hace que te encuentren antes.
- Hazte ver: una prenda clara asomando por la ventana, la linterna del móvil si es de noche, y el silbato si lo tienes. Y avisa a gritos a quien esté en el punto de reunión: desde fuera se comunica a los bomberos qué plantas están ocupadas.
- No saltes por la ventana como norma general. En plantas altas es una lesión casi segura, y el humo se mueve más rápido de lo que parece.
Ese mismo patrón —cerrar, sellar, avisar y hacerse ver— es el que se usa cuando el peligro está fuera y no dentro: humo de un incendio cercano, humo químico de un polígono, un escape. La diferencia es que entonces la orden la da Protección Civil, por ES-Alert o por la radio: si te dicen que no salgas, no sales, aunque el coche esté en el sótano y tengas la reunión a las diez.
5. Cuando la emergencia está fuera del edificio: apagón, aviso rojo y sótanos
No todo lo que te va a pasar en el trabajo empieza dentro. Un corte de luz largo, una DANA con aviso rojo o un aviso al móvil de Protección Civil te llegan con el edificio intacto y el problema fuera: sin tren, sin autobús, sin ascensor y con el aparcamiento convertido en trampa.
- El aviso ES-Alert es la Red de Alerta Nacional de Protección Civil: suena en tu teléfono aunque lo tengas en silencio, va dirigido a los móviles que están en una zona concreta y no se puede desactivar. Ese pitido sordo y fuerte no es un bulo ni una prueba: es la instrucción oficial. Léelo entero antes de moverte y haz lo que diga (quedarte, no salir, no conducir).
- Nunca bajes al sótano a por el coche con aviso naranja o rojo, ni cuando el agua ya corre por la rampa. Las rampas de garaje son de los primeros sitios que se inundan y de donde más gente se rescata. Si el agua sube por la rampa, sube tú a la planta más alta.
- Apagón en la oficina: linterna del móvil o de tu cajón, nunca velas ni mecheros (y ningún aparato de combustión en un recinto cerrado). Si el edificio no tiene grupo electrógeno, los ascensores se quedan parados: no los uses ni un segundo después de un corte. Y si hay SAI o UPS, lo que de verdad merece continuidad es el router y el teléfono: apaga lo sensible para que no sufra el pico al volver la luz, igual que se hace en casa.
- Comunicar cuando la red está saturada: manda un SMS con lo esencial en vez de llamar. En una red congestionada el mensaje corto suele pasar antes que la llamada, y con él dejas dicho dónde estás y que estás bien. Los detalles están en comunicar sin red móvil.
- ¿Volver andando? Puede ser la mejor decisión y también la peor. Con aviso rojo, no te muevas: quince centímetros de agua en movimiento arrastran a una persona, y los pasos inferiores y las ramblas se llenan en minutos. Cerrado el aviso, ve por sitios conocidos, con calzado cerrado, y avisa a alguien de la ruta y de la hora prevista de llegada.
- El trayecto también es parte del kit. Si vas en coche, no dependas de la oficina: agua, manta, linterna y powerbank viven en el coche todo el año. El detalle está en el kit del coche, y las lecciones del 28A —cobertura caída, datáfonos muertos, gente atrapada en túneles— en lo que aprendimos del apagón del 28 de abril.
Y si la cosa se alarga y te toca volver a casa sin transporte, el referente es el kit de evacuación: qué llevar si tienes que salir andando y pasar la noche fuera. Si vives solo, añade una capa más: el plan para vivir solo empieza por decidir quién va a llamarte si algo pasa.
6. Lo que puedes hacer hoy, en quince minutos
- Mete cinco cosas en el cajón: agua, barritas, frontal, powerbank con cable y tu medicación. Con eso ya no estás desnudo ante un corte de cuatro horas.
- Pregunta por el plan y por el punto de reunión. Un correo a prevención de riesgos basta: es un dato que tu empresa tiene y que puedes pedir.
- Camina la ruta desde tu mesa hasta la calle y cuenta puertas. Fíjate en dónde está la segunda salida.
- Apunta cinco teléfonos en papel y guárdalos en la cartera; y activa los avisos de AEMET en el móvil si aún no lo has hecho.
- Pon un aviso en el calendario cada seis meses para revisar caducidades y recargar el powerbank. Un kit que no se revisa es una caja de cosas viejas.
Y los errores que se repiten, para que no te pasen:
- Confundir «lo he pensado» con «lo tengo hecho». Pensar por dónde saldrías no es lo mismo que haberlo caminado una vez.
- El powerbank siempre descargado. De nada sirve si llevaba seis meses sin cargarse justo el día que se va la luz.
- Decidir en el momento quién ayuda a quién. Se decide antes, sin prisa, y por escrito si hace falta.
- Salir a la calle con aviso rojo «para llegar antes a casa». Es exactamente el momento de quedarse quieto y en alto.
- Bajar al sótano a por el coche. Repetimos el consejo porque es el error que mete más gente en el hospital en cada DANA.
Un kit de trabajo no se compra de golpe y no hace falta gastar 200 euros: son nueve objetos, cuatro preguntas y tres minutos de caminar despacio mirando puertas. Hoy, en la pausa del café, puedes hacer las cinco cosas de la lista. Mañana, si suena la alarma, ya sabrás que no es una alarma más.
Fuentes de esta guía
- BOE — Ley 31/1995, de 8 de noviembre, de Prevención de Riesgos Laborales (art. 20: medidas de emergencia)
- BOE — Real Decreto 393/2007, de 23 de marzo, por el que se aprueba la Norma Básica de Autoprotección
- INSST — Planes de emergencia, planes de autoprotección y medidas de emergencia (FDN-11, 2015)
- INSST — Medidas de emergencia y Plan de autoprotección: Norma Básica de Autoprotección, estructura y contenidos
- Protección Civil — Recomendaciones y medidas de autoprotección por tipo de riesgo
- Protección Civil — Riesgo antrópico (autoprotección: incendio en interior de oficina y de vivienda)
- Protección Civil — Red de Alerta Nacional y alertas a móviles (ES-Alert)
- Protección Civil — Recomendaciones ante lluvias intensas
- Comisión Europea — Estrategia de la Unión de la Preparación (72 horas de autonomía)